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Cuando el magisterio se levantó en huelga en el 2017, interrumpiendo la educación de más de 1 millón de estudiantes por más de 60 días, fue para exigirle cuatro cosas al Estado: 

  1. Mejores Sueldos
  2. Pago de la deuda social 
  3. Incremento de presupuesto en el sector Educación 
  4. Derogatoria de la Ley de la Carrera Pública Magisterial 
  1. Mejores sueldos 

El sueldo del magisterio venía bajando desde las reformas de los 90. Un estudio del 2019 hecho por el IEP1 calcula que los maestros en el Perú ganan entre 10% y 50% menos que los profesionales equiparables en otros países latinoamericanos. Si queremos tener mejores profesores, esto tiene que cambiar. 

  1. Pago de la deuda social 

En diciembre de 1984 se publica la Ley del Profesorado que en su artículo 48 refiere a una bonificación para el profesor que trabaja en zonas de frontera, selva, medios rurales, lugares inhóspitos o de altura excepcional. Esta ley, junto a su modificatoria de 1990 es derogada en el 2012 con la Ley de Reforma Magisterial. Sin embargo, en el periodo entre el 84 y el 2012, el Estado Peruano no cumplió con los compromisos asumidos, generando una deuda social por sentencia judicial. Indudablemente, esta deuda tiene que ser pagada. 

  1. Incremento de presupuesto en el sector Educación

El presupuesto del sector educación incrementó de S/14 mil millones en el 2009 a más de S/29 mil millones en el 2017. Este aumento en presupuesto ha ido acompañado de mejoras en indicadores de cobertura y desempeño estudiantil. Si bien la respuesta a esta demanda dependerá de su viabilidad económica, todavía hay una brecha grande por cubrir en el sector Educación. 

  1. Derogación de la Ley de Reforma Magisterial.

Esta reforma “establece un régimen laboral único para los docentes del sector público, con el objetivo de brindar mejores beneficios y oportunidades de desarrollo profesional a todos los maestros y maestras. ” La idea detrás de esta reforma, es brindar incentivos para mejorar la capacitación pedagógica de los profesores que desde la implementación de evaluaciones docentes en el 2002 mostraban un desempeño bastante preocupante. En el 2007, el 95% de los 183 mil maestros evaluados fueron desaprobados. 

En los 80s, el Estado se concentró en impulsar la ampliación de la cobertura educativa, y para atender la nueva demanda de maestros, las instituciones educativas se vieron obligadas a contratar a profesores “con una preparación ni suficiente ni adecuada” (Contreras, 1996, p.28). Simultáneamente, los centros de formación docente bajaron sus requisitos de ingreso por lo que la carrera de educación se volvió una alternativa viable para aquellos que no lograrían desarrollarse en campos de mayor exigencia. 

La idea de una Carrera Pública Magisterial basada en la meritocracia, con capacitación docente, escalas y beneficios suena como una excelente manera de mejorar la calidad de la docencia en el país. Claro que exige más de los docentes, pero desde una perspectiva ajena, estas parecen ser justificadas por una mejora de la educación en nuestro país. Entonces, ¿por qué es que el magisterio se opone con tanta fervencia?

El 3 de agosto del 2017, la ministra de educación Marilú Martens y el presidente del Consejo de Ministros se reunieron con los Gobernadores Regionales para abordar la problemática de los docentes en huelga. Dentro de los acuerdos alcanzados estuvieron el adelanto del aumento salarial y las capacitaciones previas a la Evaluación de Desempeño Docente. También se comprometieron a destinar presupuesto para el pago de la deuda social y a continuar con la revalorización del docente. 

Días después, los docentes de Cusco, Lima, Pasco y Lambayeque acordaron suspender las huelgas. Pero otra sección del gremio magisterial, aquella liderada por Pedro Castillo, seguía insatisfecha. Habiendo llegado a un acuerdo que buscaba atender directamente a 3 de los 4 puntos, quedaba pendiente el tema de la Reforma Magisterial. 

Viéndolo en retrospectiva, esta parecía una movida meramente desestabilizadora y obstruccionista2 , pero bastaba mirar un poco más atrás para entender mejor de dónde nacía este reclamo. El estudio de Eguren y de Belaunde concluye que una alta proporción de maestros que se dedican a la docencia llegaron a esa profesión no por vocación, si no por necesidad. Ya sea “porque no pudieron acceder a otra profesión, sea por la limitada oferta de educación superior en sus localidades, las carencias económicas o la dificultad para superar los exámenes de ingreso a otras especialidades” (p.60) 

Esto quiere decir que gran parte de los que componen el magisterio peruano hoy en día son ciudadanos que se han sentido perjudicados por un Estado deficiente que no ha sido capaz de brindarle suficientes oportunidades: ciudadanos que han vivido la injusticia de la desigualdad.  ¿Cómo esperar que se desempeñen mejor en las evaluaciones, si la educación pública que recibieron fue de muy mala calidad? ¿Cómo esperar que acepten exigencias del Estado, cuando ellos como ciudadanos se han sentido olvidados por tantos años?

Cuándo analizamos al profesorado en su dimensión de ciudadanos se nos hace más fácil entender su insatisfacción con el Estado. La Reforma Magisterial busca mejorar, con justa razón, las condiciones de la profesión docente. Pero la propuesta se elabora tomando en cuenta la visión del profesor ideal y pierde de vista la motivación y trayectoria del maestro real: ese que se encuentra hoy en las aulas, ese que como Pedro Castillo, nacido de padres iletrados en un caserío de Cajamarca, rechaza al Estado que se olvidó de él. Y muy probablemente, es por este mismo motivo que Castillo ganó las elecciones, porque él representa a todos esos “nadies” a los que el crecimiento económico no ha llegado.

Al Perú le urge un cambio y hasta que el crecimiento económico no se vea reflejado en mejores bienes y servicios para el Peruano, permanecerá la sensación de injusticia y reprobación del establishment entre nosotros. Tenemos muy claro qué es lo que Castillo reclama, pero ¿tendrá la capacidad para lograr el cambio que se necesita? ¿O será que su visión, secuestrada por la experiencia de la injusticia, nos terminará hundiendo en la miseria?. Se vienen tiempos difíciles para el Perú, y en momentos como estos es cuando más nos hace falta mirar nuestra historia para entender nuestro presente y no repetir los mismos errores del pasado. 


1 No era vocación, era necesidad. Motivaciones para ser docente en el Perú.

2 La bancada de Fuerza Popular usó este caso para presentar una moción de censura contra la Ministra Martens. En respuesta a ello el premier Zavala solicitó al Congreso la renovación del voto de confianza, el que fue rechazado y como consecuencia, todo el gabinete ministerial se vio obligado a renunciar. Este fue el comienzo del fin del gobierno de PPK.