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Eliana Ponce’s Story

Born in a small town in Puno, Eliana has worked for LAFF as a child psychologist since 2013. She talked to us about the effect of the Machismo culture in Peru, and how children need to be taken more seriously…

I believe any change in society starts with children.

I have worked with children for as long as I can remember. When I was younger I worked in church groups and that was part of my motivation to choose this sort of career.

In Peru, especially in the Sierra we don’t invest enough in the ability of our children. Our way of being means we don’t value children as people. Children aren’t ‘half-people,’ they are complete, with opinions, dreams and fears and they have feelings just like adults do.

It is often a bigger struggle working with adults.

When you work with a child the ideal situation is to have the families involved in your work too, but it is very difficult to change attitudes in adults.

In my experience, with children in a state of vulnerability things are even more difficult. There isn’t only a lack of income, but a lack of emotional support and education among the parents. This makes it harder for adults to understand their impact on children overcoming difficulties.

I have also found there to be a difference between mothers and fathers. Mothers are more passive, but fathers will come at you and say: “no, it’s my son – I know what’s going on.”

Peru is a very male dominated society.

Often women won’t express their opinion, because they haven’t been taught how to communicate or listen to their own opinions. I have focused a lot on this mentality in girls and I have discovered, in some cases, that girls believe that they will suffer in adulthood, purely because they are women.

I have listened to women in hospitals for example, who will say: “how sad, she’s a girl, she is going to suffer later in life.” We need to change this mentality in women and children. Girls need to grow up understanding that the female condition is not a bad one.

The Machismo culture creates ideas of victimhood within girls, and creates within boys the idea that women are worthless.

So it’s the same struggle of changing this mentality. It has the same bad effect for men: men don’t cry, men are strong. It can be a very protective, caring quality but the message is that he is stronger than she is.

First, we need to change education.

We focus too much on content and less on value. In schools they completely ignore emotional education. There are schools that have psychologists and a tutor that will talk about this area but there will be one psychologist for 200 students.

I think children are only products of their upbringing.

A child with a family could be emotionally neglected and grow up with issues of self esteem. A child without a family could have every opportunity thrust upon them by their carer.

In general I have worked with kids from homes where what they lack, and have not developed, are skills like decision-making. They have always had things decided for them, including what they are going to do in their free time. They have also not developed a way to resolve conflicts as they have always had an authoritative figure who will resolve it for them.

In my job, the gratifying moments are qualitative not quantitative.

I get to see the changes in children: in their way of thinking, their emotions and emotional responses. For example, when a child tells me: “today I could control myself and it felt good” – I know they’ve learnt something.

Also I get to see when children educate their parents. It’s amazing to see when they have the capacity tell their parents that something isn’t right.

*

Eliana Ponce

Nacida en un pequeño pueblo de Puno, Eliana ha trabajado para LAFF como psicóloga infantil desde 2013. Nos habló sobre el efecto de la cultura del machismo en Perú y sobre cómo los niños deben ser tomados más en serio …

Creo que el cambio de cualquier sociedad se tiene que hacer a través de los niños.

Yo trabajé con niños desde siempre. Cuando yo era adolescente trabajaba en grupos de la iglesia y esa fue mi motivación para elegir este tipo de carrera.

En Perú, especialmente en la sierra, no se invierte lo suficiente en la capacidad de los niños. Nuestra forma de ser como peruanos hace que esto no se tome en cuenta. El valor que los niños tienen no es igual al de un adulto.

Los niños no son medias personas, son personas completas con opiniones, decisiones, con sueños, tristezas y angustias; sienten como los adultos. Por eso me gusta trabajar niños, por el hecho de que yo pueda darle valor a todo eso.

Mi lucha es constante con los adultos.

Cuando uno interviene en un caso de un niño lo ideal sería que las familias se involucren en el trabajo, eso es lo más difícil. Es muy difícil cambiar los esquemas mentales de los adultos.

En mi experiencia con niños en este estado de vulnerabilidad es más difícil porque las carencias no son solamente económicas; son afectivas y son de educación de los padres. Entonces es difícil hacer entender a un adulto que la manera del niño para poder superar esa dificultad depende también de él.

Creo que también hay diferencias entre padres y madres, las mujeres son más pasivas, pero los padres dicen “no, es mi hijo y yo sé.”

Perú es una sociedad machista.

La mujer no se opone no porque está de acuerdo, solo se calla. No le han enseñado como comunicar y escuchar sus opiniones.

En mi trabajo con los niños desde hace 4 años, estoy enfocada en esa mentalidad de las niñas. Yo descubrí casos de niñas que creen que por el hecho de ser mujeres cuando sean adultas, van a sufrir mucho.

He escuchado mujeres en mis prácticas profesionales en hospitales, por ejemplo, que dijeron: “es una niña, que pena, va a sufrir, es una mujercita”. Se necesita cambiar esa mentalidad en mujeres y niñas. Las niñas tienen que crecer conociendo que la condición de ser mujer no es una condición terrible.

El machismo forma ideas en niñas que van a ser víctimas y forma niños con la idea de que la mujer vale menos y que pueden hacer lo que quieran.

Entonces es lo mismo, hay que cambiar esta mentalidad. Tiene el mismo sentido en las cualidades del hombre: el hombre no llora, el hombre es fuerte; puede ser muy protector, muy cariñoso pero el mensaje es que él es más fuerte que ella.
Debería cambiar primeramente la educación, enfocarse menos en contenidos y más en los valores.

Se descuida la parte de la formación personal de los niños. Hay escuelas que tienen psicólogos y una tutoría donde se habla de este área personal, pero hay un psicólogo para 200 niños.

Creo que los niños solamente son producto de su formación.

En general yo he trabajado con personas que viven en hogares, que tienen dificultades en tomar decisiones. Ellos no han desarrollado la capacidad de tomar decisiones, porque en el hogar han decido por ellos, incluso lo que van a hacer en su tiempo libre.

Ellos no han desarrollado tampoco una estrategia de resolver conflictos porque siempre tienen por encima a la autoridad, el que resuelve o no resuelve.

En mi trabajo, las cosas gratificantes no son cuantitativas, siempre son cualitativas.

Porque yo veo el cambio en los niños, en los pensamientos, en las emociones. Por ejemplo, cuando un chico me dijo: ‘hoy me pude controlar y me sentí bien’ – eso es la inteligencia.

También veo que hay niños que pueden educar a sus padres, porque han aprendido la lección. Tienen la capacidad de decirle a sus padres cuando algo no está bien.