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El día de la Pachamama is celebrated on the 1st of August every year by Andean communities and marks the beginning of the Andean calendar. Pachamama comes from the Quechuan words pacha, meaning the Earth, and mama, meaning mother, and so translates to something along the lines of Mother Nature.

Andean communities have a deep connection to the land, which comes in part from their dependency on it for food and water. Knowledge has been passed down through generations of how to get the most from the natural area, but El día de la Pachamama is not about taking but about giving thanks. August is the month for ploughing and sowing seeds and so making an offering is done in the hopes of securing a good harvest in the year to come.

The offering traditionally consists of gathering together coca leaves, food, alcohol, cigarettes and some money; wrapping them in a lliqlla (traditional blanket) and placing them in a hole in the ground. Wood is then placed in the hole and set alight, before covering the hole with earth once it has burnt out.

This year at the offering made at Machu Picchu people asked for an ‘[end to the coronavirus pandemic and a return to normal]’*. However, when thinking about taking care of our planet, should we be asking for a return to ‘normal’ after the pandemic? A return to our social life, seeing friends and family, of course, but there are definitely some areas where we could use this as an opportunity for change.

Biodiversity and cultural diversity go hand in hand. There are 17 countries with more than two thirds of the world’s biological resources, and, according to data from the 1992 UN Conference on the Environment and Development, these countries are in areas traditionally with the most indigenous populations. Peru is one of these countries.

Indigenous culture is often preserved orally, passed down from generation to generation by word of mouth. Because it is not written down, the knowledge imparted in these cultures and ways of life is vulnerable.

The coronavirus pandemic has pushed the world to embrace digital technology as a way of keeping in contact and continuing work without the risk of transmission. However, it’s vital that we remember the voices that we don’t hear on our zoom calls.

Here at LAFF, we have experienced this struggle in our attempts to continue to provide access to education to children living in rural Andean regions. If lessons are given virtually, then we run the risk of furthering divisions in our society as those without technology are marginalised and disadvantaged.

Indigenous communities have been active in their attempts to help slow transmission of the COVID-19 virus by closing rivers and roads. That said, there are deep concerns about the effects of ‘restarting the economy’ when lockdown eases: will the sacrifices that people have made across the country by staying at home be rewarded unjustly with empty words and biological destruction?

Activists from within the communities are raising awareness online with hashtags such as #EmergenciaIndígena but the onus is on lawmakers to create policies that respect their knowledge, rights and the individuals and members of society themselves.

In a post-coronavirus society, we need to focus on collaboration as we rediscover our shared spaces. NGOs, academics, government workers and indigenous communities need to be given equal respect for the different skills they bring. There is no doubt that through approaches like these, we all benefit.

I’d like to finish by spotlighting just one of the many initiatives which lends itself to collaboration like this: the repopulation of Polylepis trees in the Andes by the non-profit Asociación Ecosistemas Andinos (ECOAN). Polylepis is a native tree which is able to store large amounts of water, thus helping to prevent mudslides from oversaturated earth. ECOAN was developed by indigenous conservationists and it has received global recognition for the work that it has done to help protect biodiversity. https://www.ecoanperu.org/index.html

This year, when we think about Pachamama and ‘giving back’ to the land, let’s commit to promoting the status of the people who are protecting it by working it sustainably. If we don’t give them a seat at the table (or an invite to the zoom call) for long term collaboration, we run the risk of exploiting them for their work and their knowledge without creating a mutually beneficial partnership.

ECOAN at work in Cusco. Photo by Luis Torres Tarazona

SPANISH

El día de la Pachamama sSSe celebra el 1 agosto de cada año por las comunidades andinas y da comienzo al calendario andino. Pachamama viene de las palabras quechuas pacha, que significa Tierra, y mama, que significa madre. Así Pachamama es el nombre de la diosa de la Madre Tierra.

Las comunidades andinas tienen una relación estrechacon la tierra, en parte, gracias a su dependencia para la provisión de comida y agua. Una conciencia de  la tierra y cómo aprovecharla se ha transmitido a través de generaciones, pero El día de la Pachamama pone énfasis en dar gracias en lugar de tomar. Agosto es el mes de arar y sembrar las semillas, por lo que la ofrenda se da para asegurar una buena cosecha el año que viene.

Tradicionalmente para hacer la ofrenda se recogen hojas de coca, comida, alcohol, cigarros y dinero. Las cosas se envuelven en una ‘Lliclla’ (manta de lana) que se mete en un hueco cavado en la tierra. El hueco se llena con leña y se prende fuego antes de cubrirlo de tierra una vez que el fuego se apague.

Este año durante la ofrenda hecha en Machu Picchu la gente pidió ‘el término de la pandemia del coronavirus y el retorno de la normalidad’*. Sin embargo, al pensar sobre el cuidado del planeta, ¿es un ‘retorno de la normalidad’ lo que deberíamos pedir? Un retorno a la vida en común, a ver a familia y amigos, por supuesto. Pero hay, sin duda, ámbitos para que el cambio podría resultar beneficioso.

La biodiversidad y diversidad cultural van de la mano. Hay 17 países que cuentan con más de dos tercios de los recursos biológicos del mundo y, según datos de la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y Desarrollo en 1992, estos países tradicionalmente cuentan a más poblaciones indígenas. Perú es uno de ellos.

La cultura indigena a menudo se preserva oralmente, transmitida de boca en boca a través de generaciones. Al no ser escrito, el conocimiento compartido de esta manera se vuelve vulnerable.

Debido a la pandemia del coronavirus, estamos pendientes hoy más que nunca de la tecnología para mantenernos en contacto y seguir trabajando sin riesgo de transmisión. No obstante, es imprescindible que nos demos cuenta de que hay algunas voces que no se oyen en las reuniones por zoom.

En LAFF hemos experimentado esta lucha en nuestro intento de continuar brindando acceso a educación a los niños de regiones rurales andinas. Si las clases se realizan en línea, corremos el riesgo de empeorar las divisiones en nuestra sociedad, ya que la gente sin tecnología se margina y se deja más desfavorecida.

Las comunidades indígenas han trabajado para intentar reducir la transmisión del coronavirus cerrando ríos y calles. Sin embargo, hay graves preocupaciones sobre los efectos de ‘reactivar la economía’ cuando la cuarentena se relaje: ¿los sacrificios que las personas han hecho por todo el país serán recompensados con lo que merecen o solo con palabrerío y la destrucción biológica?

Los activistas de las comunidades despiertan conciencia en línea con hashtags tal como #EmergenciaIndígena, pero son los legisladores los que tienen que crear políticas que respeten su conocimiento y sus derechos así como los de individuos y miembros de la sociedad.

En una sociedad pos-coronavirus tenemos que valorar y facilitar la colaboración mientras que redescubrimos nuestros espacios compartidos. ONGs, académicos, trabajadores gubernamentales y comunidades indígenas merecen el respeto igual por las diferentes perspectivas que aportan. No hay duda de que, a través de estos enfoques, todos salen ganando.

Para terminar, quiero traer la atención hacia una de las iniciativas que fomenta la colaboración de esta manera: la Asociación Ecosistemas Andinos (ECOAN) una ONGque recupera los bosques andinos con árboles de Polylepis. El Polylepis es un árbol nativo del Perú que puede almacenar mucha agua, así ayuda a prevenir deslizamiento de tierra. ECOAN se creó por ecologistas indígenas y ha recibido el reconocimiento mundial por su trabajo para proteger la biodiversidad. https://www.ecoanperu.org/index.html

Este año, al pensar sobre la Pachamama y cómo hacer algo por la tierra, comprometámonos a promover el estatus de la gente que la protege. Si no tienen un sitio en la mesa (o una invitación a la llamada de zoom) para las negociaciones de colaboración a largo plazo, hay un grave riesgo de que su trabajo no sea valorado y que no se creen las alianzas que traen beneficio mutuo.

*Andina, 07/07/2020: https://andina.pe/agencia/noticia-con-ofrenda-a-pachamama-machu-picchu-celebra-aniversario-como-maravilla-moderna-804784.aspx: el término de la pandemia del coronavirus y el retorno de la normalidad.